Bitácora: Abrimos con la melancolía brumosa de un cuarteto de San Francisco, para saltar al baile luminoso de un clásico rescatado del highlife ghanés de los setenta. Seguimos con las luciérnagas de una violinista italiana que canta las transiciones de la vida, y con el pop soñador y espinado de un australiano varado en Los Ángeles. Cerramos con la voz de una cantante egipcia que convierte la memoria y la pérdida en un secreto compartido.
Artista: CINDY
Disco: Another Country
Sello: Tough Love Records
Año: 2026

Desde San Francisco, y en torno a la escritura de Karina Gill, la banda Cindy entrega su quinto álbum, el primero desde 2023. Su fórmula sigue intacta: slowcore de bruma y terciopelo, guitarras apenas afinadas, reverberación empañada y una voz distante que evoca a los grupos femeninos de antaño y a cierta melancolía a lo Nico. El título remite a la novela homónima de James Baldwin, cuyo dramatismo resonó en Gill. Son nueve canciones breves de vistas privadas, dramas ajenos oídos al pasar y estados de ánimo cambiantes; opacas en sus intenciones y precisas en su ejecución. Con una formación por fin estable, el grupo destila una belleza callada que se revela de a poco, como una conversación recordada a medias.
Artista: DR. K. GYASI & HIS NOBLE KINGS
Disco: Sikyi-Highlife
Sello: Essiebons / Strut
Año: 1974 · reed. 2026

Publicado en 1974 por el sello ghanés Essiebons y reeditado por primera vez ahora gracias a Strut, este es uno de los grandes clásicos del highlife. Kwame Gyasi —apodado con cariño “Dr” por sus seguidores— fundó a los Noble Kings en 1952 y fue, además, embajador musical del gobierno de Kwame Nkrumah. El disco toma su pulso del sikyi, una antigua danza de tambores del pueblo akan del sur de Ghana, y lo cruza con el fraseo modal akan y las guitarras palmwine. Su modernidad está en la mezcla: los Noble Kings fueron la primera banda de guitarras del género en sumar teclados y una sección completa de vientos. El resultado es un torrente de ritmos luminosos, superventas en su tiempo y aún hoy patrimonio vivo del baile ghanés.
Artista: SILVIA TAROZZI
Disco: Lucciole
Sello: Unseen Worlds
Año: 2025

Violinista, compositora e improvisadora italiana, Silvia Tarozzi ha colaborado con nombres mayores de la vanguardia —de Éliane Radigue a Pauline Oliveros— y sostiene un vínculo de dos décadas con la chelista Deborah Walker. Lucciole —luciérnagas— es un álbum sobre esas pequeñas luces que nos guían en los tránsitos de la vida: de la infancia a la adolescencia, de la salud a la fragilidad, de la presencia a la ausencia. Abre con un conjunto radiante de metales y cierra con el coro de niños con el que trabaja hace más de quince años. Entre medio, un avant-folk de cámara donde conviven voz, cuerdas, teclados, cítara y hasta theremin. Piezas como “Corallo e perle”, nacida del sueño de su abuelo tras enviudar, vuelven el duelo un asunto luminoso y tierno.
Artista: SANS MERIT
Disco: Trolley Polly
Sello: Knekelhuis
Año: 2026

Segundo álbum de Sans Merit, alias del músico australiano Griffin James, hoy radicado en Los Ángeles y grabado entre Melbourne y California. Editado por el sello holandés Knekelhuis, Trolley Polly se lanza a una alegría sin culpa, con una sinceridad juguetona y algo naíf. La aguja salta sin descanso: pedales de guitarra a fondo, pasajes acústicos de intimidad casi neofolk, arrebatos de shoegaze, interludios de pop hipnagógico y giros de post-punk nervioso. Por debajo late una sensibilidad que sostiene el conjunto: las grandes preguntas de un mundo frágil, atendidas con humor y ternura. Los ecos son reconocibles —Joy Division, The Smiths, The Cure, el revival lo-fi de los años diez—, pero el disco suena vivo en sus contradicciones, humano y curiosamente reconfortante.
Artista: MARYAM SALEH
Disco: Syrr (????)
Sello: Simsara Records
Año: 2026

Cantante, compositora y actriz egipcia, Maryam Saleh es una de las voces mayores de la escena alternativa de El Cairo. Syrr —“secreto” en árabe— marca su regreso tras casi ocho años de silencio: un disco escrito a lo largo de tres años bajo la tutela de la música palestina Kamilya Jubran y producido junto a Maurice Louca. Heredero de su faceta teatral, el álbum se ordena en tres actos y funciona como una autobiografía sonora, donde el yo se fractura, se cuestiona y se rearma. Sobre formas clásicas de la canción árabe y egipcia —voz, teclados y oud—, su timbre pasa del murmullo al grito con una libertad desarmante. Temas como “El Faqd” cargan un duelo real: la pérdida de su padre, hace ya dos décadas.
